jueves, 13 de diciembre de 2012

Como cerdo en matadero, he llegado a mi límite



Antes, cuando todo tal vez era más fácil (viéndolo de esta perspectiva), pero que realmente en el momento, no lo eran, evitaba situaciones para no sentirme mal, para no sentir dolor, que aunque todos estemos propensos a sentirlos, como se dice por ahí “Me guardaba en salud”.

Hace mucho no escribía en este blog, y sé el porqué. A veces ocurren cosas en nuestras vidas que cierran capítulos para dar paso a que se abran otros, o para prepararnos a lo que venga. Pero ya mis cuadernos están  abarrotados y lo más probable es que ahora necesite de espectadores, el polvo en mi librero no aporta mucho a mis papeles acumulados.
Cuando tenía como unos 8 años, vivía la vida al límite de esa edad, no me portaba bien a las espaldas de mis padres (frente a ellos era la niña más dedicada), mentía, inventaba y todas esas cosas que abarcan el ser una niña.

¿Cuál era mi límite?
Pues jugar a las escondidas con todos los chicos del edificio donde vivía (en Brasil), y orinarme en los pantalones del nerviosismo de ser encontrada, sin sentir pena de que otros me vieran, y mucho menos de lo que fueran a decir. Besarme con un chico en el segundo estacionamiento (subterráneo) y oírlo decir que “Siento algo raro” (las primeras erecciones tienden a ser, en algunas ocasiones, algo dolorosas). Tirar piedras a un edificio vecino, donde en la ventana del cuarto se veía al Sr. De la Casa, cogerse sin piedad a la domestica que gemía como cerdo en matadero (la tenía en su límite)
Así catalogaba yo mi extremo.

Pero llegó el momento en el que sentía las ganas de… parar.

Y lo hice. De una manera abrupta, de un momento al otro, y no sentí nostalgia de volver a hacer aquello, que por un tiempo me llenó. Me alejé y recuerdo que fue ahí cuando las letras vinieron a mis pensamientos, luego transferidos a mis cuadernos.
Opino que todos tenemos momentos así, más cuando sabes que estás llegando a tu limite. Incluso en situaciones personales, como lo pueden ser dejar de amar a la persona que está a tu lado,  serle infiel o incluso querer matar a tu hijo porque ya no lo soportas. En los dos primeros puntos la gente tiende a mezclaros, y creo que no tienen nada que ver.
  • ·         Cuando un hombre o mujer buscan la infidelidad es llegar a sus extremos, porque saben que su instinto animal lo exige pero su moral no lo permite. Aún así lo hacen. No por esto el amor en pareja ya no existe. Lo más probable es que solo estén pasando por una etapa muy difícil.

  • ·         Cuando un hombre o mujer dejan de amarse, es que llegaron al límite. Probablemente no se dieron cuenta, pero al verse, ya no se soportan.
En los dos casos, todo se arregla hablando por el bien de los dos. Y saben algo… en los dos casos las disculpas siempre serán bien recibidas. 
*Aclaro que solo son ejemplos de límites.

También he pasado por límites en las calles, con gente que no conozco  y prefiero no conocer, e incluso, el más clásico, el límite familiar.

Creo que estoy llegando al límite de algunas situaciones en mi vida, y por eso me he puesto a pensar en que otros momentos he pasado por ello y como los he enfrentado.
Mi respuesta a cómo enfrentarlo es sencilla. Siempre ser sincero con uno mismo y levantar la cabeza. No eres el primero o primera que ha pasado por eso, y no por ello, están viendo cómo crece el césped desde la raíz (me refiero a alguien muerto y enterrado).

Mi limite ahora es terminar bien el año, descansar un poco, y tratar de desaparecer como por arte de magia (dejando el maquillaje de lado) las ojeras que han sido mi manda de todo el año.

Y sencillamente desaparecer…

A.

viernes, 24 de febrero de 2012

No soy lineal

Esos momentos en los que al despertar te das cuenta de lo hermoso que el sol te está brindando para el día que viene por delante, suspiras, cierras los ojos, te metes debajo de las sabanas y tratas de oscurecerte al máximo. Incluso te llevas las manos al rostro por pena a lo que piensas, pero nada puede mejorar en ese preciso momento, aunque de todas formas te obligues a levantar, caminar como un zombi y morder un pedazo de pan, beber un sorbo de café negro, pero que le echas un poco de azúcar morena para ver si baja un poco la amargura.

A veces cuando viajo pensando, es por necesidad a escapar. A veces los pensamientos son tan cuadrados, porque pensamos como vivimos, y hay que darle un descanso.  A pesar de poder hacer cosas que no necesariamente sean lineales, el pensar absorbe la sociedad donde me encuentro y necesito surgir entre los pensamientos con un par de alas, o un buen tenis para correr. Y es así como durante un viaje, ver los cerros de este hermoso país me llevan a  pensar en mil cosas, en que si se levantaran a gritar por tanta maldad, o si solo moverán la tierra que les pertenecen para tener una mejor vista de los próximos millones de años. Yo escogería el mar, como los que hay en Portobelo, donde al final de la línea se ve su inmensidad turquesa. A veces desearía ser ese cerro que no se mueve y solo cambia.

Estos días he sentido la necesidad de superar mis pensamientos, de crecer el ego al que tengo tan abandonado,  por tratar de subírselo a otros. Porque sí, el ego es importante, es necesario para sobrevivir, pero debe saberse sobrellevar. El mío es muy tímido, no trata de sobresalir porque no sabe cómo hacerlo, es como buscar la manera de besar en la cita indicada, o de decirle a tu madre que te hiciste un tatuaje que dice Mamá y un corazón. Ese ego que sabes que tienes porque si no, no estarías seguro, o no harías más de tres cosas sin él, está ahí pero no sobresale. Mi ego es pasivo. Pero entiendo que la verdad y la realidad están para derrumbarme de mi gran idea de sobresalir. En lo general mis padres siempre me han apoyado en mis locuras, pero también son ellos los que frenaron muchas cosas de mi vida, que si no hubiera logrado revelarme, estaría sumergida en las sabanas oscuras, y probablemente con las manos pegadas en la nuca, mirando al piso, una sumisa. A veces siento que pienso que al todo poder realizarse, nunca le digo a nadie que no lo haga, y siempre lo apoyo, más si tengo afinidad con su persona. Porque al fin y al cabo ¿Quién soy yo para quitarle las alas a un insecto? Eso siempre me ha parecido crueldad.

Pero entiendo la realidad y sé que la crueldad hace parte de ella. A veces creo que eso es lo que me falta para encajar mejor, ser cruel.

martes, 3 de enero de 2012

Compañero y Camarada



El insomnio me ha traído un compañero. A lo lejos, solo nos sentimos cuando tratamos de dormir, al mismo tiempo, al mismo ritmo de la respiración desesperada por el descanso, a la misma hora infernal. Y es que dicen por ahí que a las tres de la madrugada salen los demonios, creo que más bien salen los míos a besar el frio piso virgen de hace ya varias horas, donde solo pasan las almas cazadoras de húmedos deseos, o de terroríficos agujeros bajo mi cama.
Y a toda velocidad voy al encuentro diario de su mirada que no trae más que esa sensación de deseo inigualable que ningun ser humano logrará arrancar, no veo bien sus ojos hasta que me toca y todo se envuelve en llamas. Su respiración que quema y desnuda casi a latigazos, donde no deja marcas, solo sensaciones.
En mis madrugadas, el me acompaña, el me devora con ansias, el se revuelca en mi cama, y a veces yo me revuelvo en la suya. Susurramos las historias de las estrellas, que se ríen ante nuestro inigualable desfile de deseos precedido por encuentros escondidos. Ellas que lo saben todo, que entienden el deseo y ocultan bajo el cósmico lenguaje nuestras necesidades ante humanos que no comprenden.
Durante mis días, trato de comerme el sol, para escupir en su boca mi polvo de estrellas a cada encuentro. Nuestra luz es el fuego de los ojos, los suspiros, los movimientos de la cadera…
Son las 4:00 a.m… el se va, yo me voy y la calle esta vacía, el cielo recibe nuestro sueño, y es hora de soñarnos.

martes, 22 de noviembre de 2011

Efecto Borges


No lograba desviar la mirada de su rostro.
Un rostro varonil, la barba tupida, los pómulos gruesos, con un peculiar color sol. El bronceado de su piel, es su fin de semana lejos de mi corazón, pero alado del mar, que es mi otro amor. Sus ojos, que solo se movían para seguir las letras de Borges, que tanto deseaba volver a leer, que ahora me leía, que compartía. Y sus labios, rosados, suaves, y delgados, casi no dejaban de moverse con la emoción de la lectura, si quiera paso su lengua para humedecerlos, siquiera trato de respirar después del punto, pero igual, todo lo entendía.
Extrañaba eso.
Extrañaba sentir su respiración pasar por mi cuello, mientras solo nos abrazábamos acostados, sin pensar en lo que eso traería como consecuencia, sin pensar que después ya no estaríamos juntos. Fue un abrazo tranquilo, con pedidos de disculpas, con deseos de seguir en esto. Fueron suspiros alimentados por el gusto de estar tan pegados, donde mi cabeza descansaba junto a su pecho, y cercada de sus brazos, donde sus besos  saboreaban mis lagrimas, y donde la sonrisa de una idea solo salió de su boca sin pensar en lo que eso provocaría en mí
“Me gusta amarte”
... la paz quería tragarme, pero en realidad, yo aún no deseo sentir lo complejo de todo esto. Mi abrazo, cargado de amor y paz, era lo único que en el momento yo podía ofrecerle. Para luego regalarle mis gemidos, mi respiración agitada, mis orgasmos, mis besos, mi mirada, y de el luego salió, sin pensar lo que eso provocaría en mi
“Me gusta amarte”

lunes, 26 de septiembre de 2011

Nelson

Nelson estaba en la puerta de aquel bar oscuro, que hasta el nombre lo decía todo “O buraco” (El hueco), poniendo sellos fluorescentes en la mano de los que pagaban la entrada y eran principalmente mayores de edad. Yo apenas tenía 14 años, y enfrente tenía una fila con unas 15 personas. A medida que la fila andaba, yo solo pensaba en que decir para aparentar ser mayor de edad, pensé en sacar unos 10.00R, o solo decirle “Mi novio es el baterista” (para esos tiempos el baterista de una banda cambiaba a cada toque, así que nadie nunca lo conocía). Cada vez estaba más cerca de la puerta, cada vez el olor a marihuana era más fuerte, y el sonido de “Ratas Podres” (Ratas Podridas), hacía temblar el piso y las paredes, no podía ponerme el pelo de punta, desde hacía un par de días atrás había decido acabar con mi cabello, sentir nada, y mover nada.
A llegado mi hora de entrar, o de quedar afuera, y solo escucho una hermosa voz en medio de todos los gritos diciéndome…
“Te vez hermosa aún sin cabello, tienes un cráneo perfecto”
No pude evitar sonreír, bajar la mirada, morderme los labios y mirarlo para decirle…
“Tengo 14 años”
Y con una carcajada, sostuvo mi mano, en la palma escribió su número, en la muñeca puso el sello, y lo única que me dijo fue…
“Nelson”
Solo sonreí…
Recuerdo ese día que nos vimos por primera vez, recuerdo la cerveza invitada, pero solo una, el me cuidaba, recuerdo un beso rápido, recuerdo haber caminado hasta la parada del bus a eso de las 2 de la mañana, recuerdo sentarnos atrás del conductor y hablar durante 30 minutos sobre la dimensión del cráneo, recuerdo caminar de manos dadas hasta la entrada de mi edificio, el beso, y su ultimo cometario…
“Yo tengo 22”
El número no se borro de mi mano, a pesar del buen baño que me di, logre apuntarlo antes de caer rendida en la cama, sentía mucha tranquilidad de haberlo conocido.
Nelson siempre fue muy loco, con ideas espontaneas, temas desconocidos, palabras sabias, y muy espiritual, alguien que solo trabajaba afuera de los bares para pagar sus estudios de medicina que cursaba en la Universidad del Estado.
Nelson era hermoso, alto, fuerte, aquel color que llama el verano, la sonrisa blanca, los ojos oscuros, los labios perfectamente rosados, la nariz larga y respingada, mejillas cuadradas, pelo largo castaño, tan liso que era la envidia de muchas mujeres. Siempre fue atractivo, y en mi mente siempre será perfecto.
Nelson murió esta madrugada, tenía un año de no verlo, y sentía que siempre a pesar de no estar juntos, lográbamos vernos y sentirnos. Ayer al medio día, logre hablarle por teléfono, lloramos mucho al oírnos, creo que ambos sabíamos que esto vendría pronto, no es bueno estar internado en un hospital por tanto tiempo, sin saber exactamente que tienes. Pero las sonrisas hicieron que casi todo desapareciera, no existía nada que nos hiciera reír, y al hablar por casi 40 minutos, me dijo algo tan hermoso que no logre contener las lágrimas…
“Ayude a muchas personas en el interior, estoy feliz de eso, y orgulloso de mí.”
Sentí su silencio, y su respiración nostálgica, y pude saber que estaba sonriendo, el realmente es feliz. Cuando se casó, a los 27 años, me dijo que estaba alegre, pero que algún día el estaría feliz, que lo sabía, un eterno enamorado, que sin importar a donde iba, llevaba a su amor, como si fuera la vida, como si fuera su alimento, su salvación, como si fuera su seguridad.
Al despedirnos me dijo…
“Ven a verme”
Y yo solo le respondí…
“Solo te iré a ver si sales de ahí”
“Si salgo antes de que vengas, mejor te visito yo, aunque no me veas”
Yo lo entendí, el sabia que algo ocurriría, el sabia que esto llegaría.
Nelson, mi amigo, te amo. Gracias por tu visita esta madrugada, espero verte en la entrada, y que me pongas el sello para poder pasar.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Dudas y Seguimiento

Siempre he tenido dudas de las relaciones que he tenido, sean estas ocasionales, o relaciones serias, en las que hasta mi familia está involucrada, por el simple hecho de que hacen parte de mí.
Con los años uno va conociendo personas, que con la madurez de uno, va viendo cosas que de repente son para uno las más bellas. Como una adolescente que solo está con el popular de su escuela, por ser un chico atractivo y una envidia para las demás chicas de su edad. O al estar con alguien con un fin sexual, donde al principio es divertido, luego todo deja de termina en dudas, y hasta en traiciones inexistentes. Los encuentros casuales sin sentimientos más allá del deseo, por un tiempo fueron mi especialidad, aunque los orgasmos siempre eran rebuscados en mi mente y nunca en el cuerpo. Pero a veces (no siempre para muchos), las cosas cambian. Y las personas se tornan necesarias, ni se diga los sentimientos. Y esto, es lo que siento ahora, en esta fase de mi vida.
Estoy con alguien, que dude estar, que temí estar, que no tenia seguridad si quería algo, no por quien es, si no por lo que mi vida arrastraba con relaciones amorosas, esa idea de que al tener malas experiencias, dudas en cómo será la siguiente.
Y definitivamente esta relación es diferente, como todas las que he tenido, y este chico es diferente, como todos con los que he estado. Y no oculto que quise desaparecer, irme y dejar las cosas atrás, no quise nada porque no tenía la seguridad de que podía hacer algo mal, y hacerlo sufrir. Le prometí quererlo, pero no le prometí que no le haría daño. A veces las palabras no son tan dulces, a veces las miradas no son tan cautivantes y los actos son alejados, y a la larga todo esto hace daño. Aunque no siempre sea premeditado.
Estoy aprendiendo, estoy sintiendo, y no siempre me dejo llevar, solo sé que lo que deseo es que todo salga bien, todo lo que necesito es estar bien, sentirme amada y querida.
Hace una semana, estuve hablando con mi hermano, que también está empezando una relación, y el al describirme la chica que yo aún no había conocido, solo decía, “…ella es perfecta para mí”. Son palabras fuertes y hasta comprometedoras. Uno nunca termina de conocer a alguien, como para dar su veredicto final, el ser perfecto solo lo que plasma la naturaleza, solo lo que es puro, y no sé si los sentimientos son puros. Y al darme un hermoso consejo, solo sentí lo que mi pareja me hace sentir “Siempre debemos enamorar a nuestra pareja, solo así la vida es dulce junto a ella”. Estoy más que de a cuerdo. Entonces pensé
“Decir te amo no significa que me casaré contigo. Mucho menos que por eso te abriré mis piernas”

Estoy enamorada…

martes, 13 de septiembre de 2011

Proyecto Danza 1












El cuerpo nunca deja de expresarse.
Aún en silencio, el cuerpo danza.
Aún quietos el alma danza.