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viernes, 23 de agosto de 2013

El soñador tiene que despertar. Luego seguir soñando.

He soñado mucho en mi corto tiempo de vida. 
Siento que he soñado más que vivido, o que mi vida es un sueño, o que soñar es vida.
El resultado, son ideas nada utópicas, con un poder de alcance mas real de que muchos podían creer. Es la sencilla forma de ver realizado algunos sueños, que se transforman como la arena con el paso del mar, o que cambian de perspectiva, pero nunca se alejan de un sentido unificado... soñar.

Desde pequeña he querido ser arquitecta, sin pensar en todo lo que esto incluye, solo se me hacia mola la idea de diseñar algo que luego construirían. Que mi forma de ver las estructuras podía ser un ejemplo a seguir, la próxima frank lloyd Wright, una revolucionaria en la mente de los siguientes arquitectos, que tendrían que construir sobre el mar, dentro de el, y al fin llegar a la genial idea de casas voladoras, EL espacio ya es escaso.
Empecé a estudiarlo, sintiendo que si estaba en lo mío, pero a pesar de tener buenas calificaciones, oportunidades de trabajo en las mejores firmas de arquitectos del país, me estaba hundiendo en una depresión dudosa, llena de lagunas mentales, creadas por las incontrolables lagrimas que mi cerebro derramaba.
El sueño de una niña se vio traicionado por la madurez. La madurez de saber que las cosas cambian, incluso los sueños, y que forzarnos a lago para el resto de nuestras vidas solo nos hará seres infelices (empieza el drama, y se me va la respiración).

Dejé arquitectura...

La etapa siguiente, que era  algo nueva en mi vida, ya que nunca me lo había cuestionado así, se resumía en muchas preguntas, que realmente nos dejan algo desequilibrados cuando alguien más no lo cuestiona:
1. ¿Que quieres?
2. ¿Cómo lo quieres?
3. ¿Cómo lo conseguirás?
4. ¿Te hace feliz?
5. ¿Cómo te vez en los próximos 10 años?

Por alguna razón, muchas de las preguntas, aún no las he logrado contestar.

Traté de estudiar artes culinarias, pero no funcionó, amo cocinar con las manos, no con bowls, tenedores y cuchillos especiales.

Hasta que me decidí por tratar de alimentar lo que seria un pasatiempo estable.

La fotografía.

Busque un estilo de carrera que fuera algo alternativo, que viera las artes visuales que tanto amo, desde las fotografía, al estudio del color, desde la redacción a la realización de una página web. Ahora soy publicista.

Aquí estoy, creciendo, en mi pequeño mar de ideas, donde los sueños cambian como las olas, pero nunca dejan de ser mar. 

¿Cómo te vez en los proximos 10 años?
R: Sudando para seguir siendo una persona batalladora, que cuando cae en dudas, logra responderlas, y que las lagrimas solo hagan parte de un proceso de limpieza, para luego pararme con la frente en alto y continuar
...
Pero no me gustaría estar sola.

martes, 9 de abril de 2013

No soy que dijiste que fui


No necesito sentir que el alma se encoje.
No necesito sentir que los dientes rechinan,
que el ceño fruncido da sombra, que los puños se aprietan.

Nada de esto necesito.

Es extraño, porque ahora me siento extraña.
Siento que no soy quien conociste,
que más vale la indiferencia a la realidad.
Porque tú así lo decidiste.

Siento que a veces ya no me conozco.
Trato de pensar si todo fue real, o una siesta profunda.
No necesito sentir nada de esto.
Mientras otras raíces que decidiste arrancar,
vuelven por tu propia voluntad, siento que no debo sentir.
Ellas si importan, porque el fruto más dulce,
la lujuria mas intrépida, ellas son las jefas, ellas son las que mandan.

Yo no soy la que debe sentir.

Y el alma en duda queda a la deriva de los pensamientos,
ideando situaciones que merezcan el trato dado.

Nunca fui raíz, nunca fui jefa, nunca fui nadie.

Por eso sentirte… ¿Para qué?
No necesito sentir nada de esto.

Ya no soy que dijiste que fui. 

jueves, 13 de diciembre de 2012

Como cerdo en matadero, he llegado a mi límite



Antes, cuando todo tal vez era más fácil (viéndolo de esta perspectiva), pero que realmente en el momento, no lo eran, evitaba situaciones para no sentirme mal, para no sentir dolor, que aunque todos estemos propensos a sentirlos, como se dice por ahí “Me guardaba en salud”.

Hace mucho no escribía en este blog, y sé el porqué. A veces ocurren cosas en nuestras vidas que cierran capítulos para dar paso a que se abran otros, o para prepararnos a lo que venga. Pero ya mis cuadernos están  abarrotados y lo más probable es que ahora necesite de espectadores, el polvo en mi librero no aporta mucho a mis papeles acumulados.
Cuando tenía como unos 8 años, vivía la vida al límite de esa edad, no me portaba bien a las espaldas de mis padres (frente a ellos era la niña más dedicada), mentía, inventaba y todas esas cosas que abarcan el ser una niña.

¿Cuál era mi límite?
Pues jugar a las escondidas con todos los chicos del edificio donde vivía (en Brasil), y orinarme en los pantalones del nerviosismo de ser encontrada, sin sentir pena de que otros me vieran, y mucho menos de lo que fueran a decir. Besarme con un chico en el segundo estacionamiento (subterráneo) y oírlo decir que “Siento algo raro” (las primeras erecciones tienden a ser, en algunas ocasiones, algo dolorosas). Tirar piedras a un edificio vecino, donde en la ventana del cuarto se veía al Sr. De la Casa, cogerse sin piedad a la domestica que gemía como cerdo en matadero (la tenía en su límite)
Así catalogaba yo mi extremo.

Pero llegó el momento en el que sentía las ganas de… parar.

Y lo hice. De una manera abrupta, de un momento al otro, y no sentí nostalgia de volver a hacer aquello, que por un tiempo me llenó. Me alejé y recuerdo que fue ahí cuando las letras vinieron a mis pensamientos, luego transferidos a mis cuadernos.
Opino que todos tenemos momentos así, más cuando sabes que estás llegando a tu limite. Incluso en situaciones personales, como lo pueden ser dejar de amar a la persona que está a tu lado,  serle infiel o incluso querer matar a tu hijo porque ya no lo soportas. En los dos primeros puntos la gente tiende a mezclaros, y creo que no tienen nada que ver.
  • ·         Cuando un hombre o mujer buscan la infidelidad es llegar a sus extremos, porque saben que su instinto animal lo exige pero su moral no lo permite. Aún así lo hacen. No por esto el amor en pareja ya no existe. Lo más probable es que solo estén pasando por una etapa muy difícil.

  • ·         Cuando un hombre o mujer dejan de amarse, es que llegaron al límite. Probablemente no se dieron cuenta, pero al verse, ya no se soportan.
En los dos casos, todo se arregla hablando por el bien de los dos. Y saben algo… en los dos casos las disculpas siempre serán bien recibidas. 
*Aclaro que solo son ejemplos de límites.

También he pasado por límites en las calles, con gente que no conozco  y prefiero no conocer, e incluso, el más clásico, el límite familiar.

Creo que estoy llegando al límite de algunas situaciones en mi vida, y por eso me he puesto a pensar en que otros momentos he pasado por ello y como los he enfrentado.
Mi respuesta a cómo enfrentarlo es sencilla. Siempre ser sincero con uno mismo y levantar la cabeza. No eres el primero o primera que ha pasado por eso, y no por ello, están viendo cómo crece el césped desde la raíz (me refiero a alguien muerto y enterrado).

Mi limite ahora es terminar bien el año, descansar un poco, y tratar de desaparecer como por arte de magia (dejando el maquillaje de lado) las ojeras que han sido mi manda de todo el año.

Y sencillamente desaparecer…

A.

viernes, 24 de febrero de 2012

No soy lineal

Esos momentos en los que al despertar te das cuenta de lo hermoso que el sol te está brindando para el día que viene por delante, suspiras, cierras los ojos, te metes debajo de las sabanas y tratas de oscurecerte al máximo. Incluso te llevas las manos al rostro por pena a lo que piensas, pero nada puede mejorar en ese preciso momento, aunque de todas formas te obligues a levantar, caminar como un zombi y morder un pedazo de pan, beber un sorbo de café negro, pero que le echas un poco de azúcar morena para ver si baja un poco la amargura.

A veces cuando viajo pensando, es por necesidad a escapar. A veces los pensamientos son tan cuadrados, porque pensamos como vivimos, y hay que darle un descanso.  A pesar de poder hacer cosas que no necesariamente sean lineales, el pensar absorbe la sociedad donde me encuentro y necesito surgir entre los pensamientos con un par de alas, o un buen tenis para correr. Y es así como durante un viaje, ver los cerros de este hermoso país me llevan a  pensar en mil cosas, en que si se levantaran a gritar por tanta maldad, o si solo moverán la tierra que les pertenecen para tener una mejor vista de los próximos millones de años. Yo escogería el mar, como los que hay en Portobelo, donde al final de la línea se ve su inmensidad turquesa. A veces desearía ser ese cerro que no se mueve y solo cambia.

Estos días he sentido la necesidad de superar mis pensamientos, de crecer el ego al que tengo tan abandonado,  por tratar de subírselo a otros. Porque sí, el ego es importante, es necesario para sobrevivir, pero debe saberse sobrellevar. El mío es muy tímido, no trata de sobresalir porque no sabe cómo hacerlo, es como buscar la manera de besar en la cita indicada, o de decirle a tu madre que te hiciste un tatuaje que dice Mamá y un corazón. Ese ego que sabes que tienes porque si no, no estarías seguro, o no harías más de tres cosas sin él, está ahí pero no sobresale. Mi ego es pasivo. Pero entiendo que la verdad y la realidad están para derrumbarme de mi gran idea de sobresalir. En lo general mis padres siempre me han apoyado en mis locuras, pero también son ellos los que frenaron muchas cosas de mi vida, que si no hubiera logrado revelarme, estaría sumergida en las sabanas oscuras, y probablemente con las manos pegadas en la nuca, mirando al piso, una sumisa. A veces siento que pienso que al todo poder realizarse, nunca le digo a nadie que no lo haga, y siempre lo apoyo, más si tengo afinidad con su persona. Porque al fin y al cabo ¿Quién soy yo para quitarle las alas a un insecto? Eso siempre me ha parecido crueldad.

Pero entiendo la realidad y sé que la crueldad hace parte de ella. A veces creo que eso es lo que me falta para encajar mejor, ser cruel.